INFORME ESPECIAL
Aumentar las vocaciones religiosas, un desafío para la iglesia
La Iglesia Católica ha adoptado estrategias para recuperar la confianza de los fieles debido al temor por la creciente pérdida de feligreses en los últimos años. Una de esas estrategias consiste en aumentar las vocaciones religiosas, la cual tiene entre sus objetivos apartar a los devotos del camino mundano para acercarlo nuevamente a la oración y la espiritualidad.
El libro Epistolario de Santa Catalina de Siena: espíritu y doctrina, explica que la Iglesia trabaja tres tipos de vocaciones: seglar, religiosa y sacerdotal. La primera, está conformada por la familia como el núcleo más importante de la sociedad y del catolicismo; la segunda, la representan quienes tienen vocación monástica (Monjes y Monjas), vida de convento (Hermanos y Hermanas) y los de vida ermita, (quienes viven en una capilla, santuario o iglesia y se dedican al culto religioso).
Con base en estas tres premisas vocacionales, la Iglesia Católica busca reorientar el camino de sus seguidores y recuperar los fieles que ha ido perdiendo y convocar a las nuevas generaciones para que hagan parte del fervor religioso del catolocismo.
Recuperar lo perdido
Son diversos los motivos que han dado pie a la deserción de seguidores que en años recientes ha padecido la iglesia católica. Quizás el más significativo sea el de los reiterados casos de pedofilia que se han presentado al interior de la Iglesia y, la intención de ésta por ocultar dichos actos.
Para Pablo Andrés Palacio Montoya, teólogo de la Universidad Pontificia Bolivariana “a raíz de los escándalos que se han presentado en la fe católica, los medios de comunicación se han encargado de utilizar y magnificar estos actos, creando, indiscutiblemente un sin sabor en los seguidores del catolicismo, opacando así, las obras buenas que hace la Iglesia”.
No obstante, para el padre Luis Alfredo Restrepo, vicario general para la vida consagrada de la Arquidiócesis de Medellín, no sólo son estos escándalos los que han alejado a los feligreses de la Iglesia, sino que también intervienen otras causas como la pérdida de los valores cristianos, junto con la incoherencia que vive la sociedad: “Esto ha generado la aparición y crecimiento de nuevas sectas e iglesias, arrastrando consigo a nuevos miembros, muchos de ellos pertenecientes anteriormente al catolicismo”.
Por este motivo la Iglesia trabaja para fortalecer las vocaciones ya que, por otro lado “hay que recuperar lo perdido frente a un Estado laico que se ha apoderado del destino de los individuos, de su organización social, dejando con ello a un lado su formación espiritual”, indicó el religioso.
A lo anterior se suma, según el padre Restrepo, que las personas están pasando de la edad moderna a la edad postmoderna: “La edad moderna regida por la razón y la post moderna regida por los sentimientos. Esas vertientes poco religiosas han repercutido en la disminución de feligreses”.
El vicario asegura que la Iglesia siempre llamará a las personas para que, mediante las vocaciones, sigan sus creencias: “Actualmente la Iglesia pretende aumentar las vocaciones tanto en la ciudad como en el mundo, con el propósito de que la fe en Dios y en el culto católico no se pierda, logrando que cada vez haya más fieles y seguidores de ella”.
Carlos Mario Hincapié, párroco de la iglesia Santa Juan de Arco, en Belén La Mota, coincide en decir que parte de la ‘fuga’ que se está presentando en la comunidad católica es a causa de dogmas eclesiásticos que no se han acoplado a la modernidad: “La apertura y flexibilidad que presentan otras doctrinas ha ocasionado que la población comience a asistir a templos de otras religiones. Para recuperar la confianza y la fe de los feligreses tenemos que dejar esos posicionamientos rígidos y conservadores que nos han acompañado hasta ahora y abrirnos más a las dinámicas del mundo moderno si no queremos ver nuestros templos cada vez más vacíos”.
Las opiniones son encontradas. Un sector cree que son agentes exteriores los que han afectado a la Iglesia; otro, que la responsabilidad es única y exclusivamente de ella por sus costumbres estrictas, los conflictos y escándalos internos, o bien, por inmiscuirse en asuntos políticos.
Cifras que no convencen
El Anuario Estadístico de la Iglesia, en un compendio de datos publicado en 2009, indicó que, contrario a lo que se pueda pensar, entre el año 2000 y el 2009, el número de católicos bautizados creció en el mundo, al igual que el de obispos, diáconos y, en menor cantidad, sacerdotes.
El informe muestra que se pasó de 1.045 millones de bautizados en el 2000 a 1.166 millones en 2009, lo cual supone un crecimiento del 11,54% en los nueve años. Según el Vaticano “esto representa ‘una substancial estabilidad’ para la Iglesia Católica, ya que en el mismo período el porcentaje de crecimiento de la población en el planeta fue de 10,77%”.
Estas cifras, sin embargo, no convencen al padre Carlos Mario, quien cree que son datos acomodadizos: “Son ecuaciones precipitadas, pues no tienen en cuenta cuántos miembros están atrayendo las nuevas sectas, además de los agnósticos y descreídos y de los mismos abandonaron el fervor católico”.
Si los datos fueran tan optimistas, “el Clero no estaría tan afanado en generar, por medio de las vocaciones religiosas, la forma de atraer a la cantidad de feligreses que han desertado. Es innegable que la cantidad de devotos católicos ha bajado considerablemente en los últimos años”
La juventud debe cumplir una función determinante en la recuperación de esa fe y en la recuperación de la confianza, así lo asegura Esteban Montoya, misionero activo en la comunidad de la Parroquia San Pablo Apóstol del municipio de Bello: “Los jóvenes, actualmente, no buscan un perfil como sacerdote, sino una vocación que mediante la prestación de su servicio llene las expectativas sin causar cambios en su vida diaria como los establecidos por la Iglesia”.
Esteban se retiró del Seminario Mayor de Medellín y decidió seguir su vocación sin ser consagrado por la Iglesia porque, según él, notó que la Iglesia se encontraba anquilosada en el pasado: “Esta situación refleja porqué algunas personas dejan una comunidad para ir a otra: cambian de orden, congregación, instituto, o prefieren vivir la vida laica”, puntualiza el misionero.
Realidad vocacional en Medellín
La Arquidiócesis de Medellín tiene una oficina especial donde se adelantan proyectos y se realizan programas para el seguimiento de la juventud, tanto masculina como femenina, con el fin de que a los jóvenes se les acompañe en su discernimiento para luego realizar la selección de los que cumplan con los requisitos.
Para ello, según cifras del Seminario Conciliar de Medellín, la ciudad cuenta con 354 sacerdotes miembros de institutos religiosos, 270 candidatos al sacerdocio para el clero religioso, 288 hermanos profesos, 2.925 religiosas profesas, 126 seglares consagrados y un total de 534 comunidades: “Esto refleja una cantidad considerable de católicos que, su vocación religiosa, presencian el llamado de Dios”, anotó el presbítero Luis Javier Uribe, rector del Seminario Conciliar de Medellín.